Bases de lo Sensorial

Dr. J. de Haro Licer

                 La sensorialidad en el hombre es muy amplia, mucho más de lo que estamos acostumbrados a conocer. El acervo popular habla de cinco sentidos: olfato, gusto, tacto,  vista y oído.  La ciencia expone este tema des de otro ángulo de visión. Así los sentidos se dividen en dos tipos los encargados de percibir ondas y los encargados de percibir sustancias químicas. Dentro de los primeros encontramos aquellos que se encargan de detectar las ondas de presión sonora (oído),  los destinados a la captación de las ondas electromagnéticas ( vista) y los que atienden a la variaciones de presión directa (tacto). Dentro del segundo grupo hallamos a los sentidos químicos (el olfato y el gusto). De hecho los sentidos no se reducen solo a estos, existen los sentidos del equilibrio, de la presión  sanguínea, de las sustancias químicas en la sangre, etc., ... .

                 Para la ciencia el sentido más vital es la piel, por tres razones, primero por ser el órgano sensorial que aparece primero, ya que será la cobertura del embrión, y segundo porque el resto de sentidos, tendrán componentes derivados de la piel, y tercero, por ser el órgano barrera entre el medio interno y el medio externo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                  Esta concepción se sustenta a más a más por el hecho de que el sistema nervioso y la piel proceden de la misma célula madre, en el embrión. La piel y el sistema nervioso son hermanos. Ello explica porque enfermedades del sistema nervioso se manifiestan en la piel y al revés. Posteriormente se separan pero con la condición de que el sistema nervioso central  vaya al encuentro de la piel, creando una unidad, un  área común, extremadamente visible s en los órganos del sentido (el ojo, el oído, la nariz, la lengua, las manos, etc.). Los sentidos tienen un orden de influencia sobre el resto del cuerpo. Desde el punto de vista embrionario (Embriogénesis), el sentido más importante es la piel, pero desde el punto de vista ecológico (ecogénico), el órgano principal es el olfato, puesto que permite ubicar a distancia la fuente de peligro, la fuente de alimentación y la fuente de reproducción.  Le siguen el sentido del oído, que permite ubicar con más precisión la situación de lo que se busaca o se huye, la visón fija el lugar exacto de lo que se capta, el tacto lo agarra y el gusto lo prueba. En el caso de una huida sirve la misma secuencia pero para alejase. 

Socialmente estos dos órdenes quedan enmascarados por la necesidad de ver (la atracción visual), tocar (la atracción de poseer), (coger, tomar), oír, oler y gustar.

 

                  Conocidas estas ideas generales, podemos añadir que todo sentido tiene un componente táctil que complementará la función específica de cada uno de ellos, captando calor, roces, picores, tacto, etc., que  se añadirá a percepción sensorial de oír, oler, gustar, ver, etc.

Sin embargo esto no queda en este nivel ya que se complica una poco más, añadiendo a ese conjunto de percepciones sensitivas, otras funciones como son las motoras (la movilidad). Así cuando un ojo ve, una nariz huele, el oído oye, etc. aparte de percibir el estímulo específico (sensorialidad con le luz, el olor, el  gusto, el sonido, etc.) entra en juego la sensación táctil (sensibilidad) y el movimiento del órgano sensor y de sus estructuras para captar mejor el estímulo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                  Todo este sistema de funcionamiento de nuestros sentidos tiene un componente  voluntario (nosotros hacemos que presten atención para aquello que nos interesa, sin embargo, la naturaleza que  aún es un poco más compleja añade terminaciones nerviosas para la función automática de estos sentidos,  que actuaran independientemente de nuestra voluntad en función del tipo de estímulo y del estado general del cuerpo.

                     

 

                   En resumen: oler, gustar, oír, ver incluso tocar, son funciones sensoriales que pueden desglosarse en una parte puramente específica sensorial ( el ver, el oír, el oler, gustar, etc.), una parte sensitiva táctil (una luz demasiado intensa que da molestias, una música demasiado alta que me hace vibrar el cuerpo, una olor que me produce cosquilleo, una comida que me quema, etc.) y en una acción de movimiento (motora) del propio órgano, ocurriendo todo ello tanto en el terreno voluntario como en el automático.

 

           

 

 

 

 

 

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